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Rompe el silencio, rompe el papelpor José Hipólito Hay que aceptarlo, en México estamos acostumbrados a que los espectáculos que tienen algo que ver con payasos se acerquen más al circo y la comedia de pastelazo que a una puesta en escena formal y hasta “artística”. Afortunadamente todo aquel que asista a ver Paper World , con todo y sus hijos (o primos, sobrinos...), se encontrará de frente con una propuesta escénica que rebasa las expectativas de cualquier público; sean niños de 6 años que se divertirán con el caos de papel, hasta los jóvenes más maduros de 60 o 70 años. Paper World regresa la comedia a su estado primigenio y puro, en el que su función es la de evidenciar los vicios humanos, hacer escarnio de ellos y, por lo tanto, poder entenderlos y hasta corregirlos —si es que el caso lo amerita—, pero baste con hacerse consciente de ellos para entender mejor al otro que se nos asoma desde el espejo todas las mañanas. No se trata de sentarse a ver una obra que se la pase todo el tiempo en la densidad de la crítica de la personalidad postmoderna y los límites de la sociedad occidental y bla bla bla… nada de eso, en esencia lo que buscan los integrantes de Mimirichi es hacernos reír de lo absurdos que podemos ser. La historia que cuentan es la de un hombrecillo simple y sencillo que trata de mantener el orden en su pequeño mundo, pero que de pronto se encuentra con otro personaje que lo único que quiere es satisfacer sus gustos y necesidades más primitivas, rompiendo el balance original. Es aquí donde comienzan las peripecias que se van acumulando hasta llegar a la carcajada sonora. Más adelante se integra un personaje más, cuya motivación primaria es simplemente expresarse, cosa que no puede hacer por el conflicto en que lo envuelven los dos primeros. Todo se va enredando hasta llegar al caos, el rompimiento y la necesaria reinstauración del equilibrio. A pesar de este contenido profundo, los personajes de Paper World se las ingenian para dar grandes dosis de humor que sirven para pasar la píldora que pudiera ser, además de inmensa, amarga de tragar al primer intento. Para lograrlo se sirven de dinámicas clásicas como la persecución ad nauseam que irremediablemente nos lleva a la risa de la mano de estos fabulosos “mimos líricos” que integran Mimirichi.
Y son esos detonantes de la risa y la carcajada los que muchas veces nos hacen falta en la vida diaria para dejar de tomar tan en serio los sinsabores, sin razones y conflictos de nuestra propia pisque. Aderezarlos con el humor de lo absurdo y poder seguir adelante.No puede esperarse un espectáculo del corte de Cirque du Soleil o Slava’s Snow Show, porque la puesta en escena de Paper World es más modesta visualmente —todo está tapizado de papel blanco— y por tanto es más intimista. Esto no quiere decir que sea menor, sino que obedece a la propuesta escénica, teatral y artística que Mimirichi nos presenta. En resumen, sería ocioso tratar de hacer una comparación con otros espectáculos. Lo importante es que nos atrevamos a reírnos de una manera nueva y diferente.
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