La poderosa oscuridad de Megadeth Por Carlos Morales
“Run to the hills / run for your life” es el coro que ruge en el oscuro galerón del Vive Cuervo Salón, cuando faltan cinco minutos para la hora 21. El alarido colectivo convoca a uno de los grupos de trash metal más importantes del escenario merol: después de ocho años, Megadeth vuelve a presentarse en escenarios mexicanos, con un concierto que retumba y explota como nunca, en tanto el espacio es pequeño y condensa con más rigor el poder del thrash.
A las nueve aparece Dave Mustaine y su actual alineación Megadeth: Chris Broderick impresionante en la guitarra, James LoMenzo experimentado en el bajo y Shawn Drover cumplidor con la batería. El público se precipita enloquecido hacia el centro de la pista. Es el pandemonium de las matas largas, los adolescentes nerviosos, los puños al cielo y los conocedores serios, que se concentran en los riffs y apenas hacen con la cabeza un frenético asentimiento.
Rolas como "Sleepwalker", “Peace Sells”, "Kick the chair" y "Take no prisoners" detonan los coros del respetable. El slam es obligado, las ruedas al inicio son pequeñas pero poco a poco van creciendo, hasta crear un enorme campo de batalla musical. Entre rola y rola no se deja de gritar Megadeth y Mustaine como mantras. La gandallez del líder de la banda parece hacer complicidad con el público, quienes reconocen en Megadeth el verdadero poder que otras bandas metaleros han perdido (no te escondas Metallica, hablamos de ti), en pos de sonidos más sutiles.
Con Megadeth no hay sutileza; Broderick quiere reventar las guitarras y Drover la bataca, la misión es renovar la estridencia en cada nueva rola. “Holy Wars”, “In my Darkest Hour” y “Hangar 18” impactan al respetable, que alzan las manos y avientan cerveza con regocijo. Algunos de los ocupantes de las zonas VIP lanzan servilletas mojadas y cacahuates. Un gladiador de la zona baja alcanza a gritarles: “Ora cabrón, te faltan güevos para estar aquí”.
El momento inesperado fue la parte en español que Mustaine cantó en “Trust”. El delirio rebasó toda expectativa con el clásico "Symphony of destruction". En alrededor de una hora, Megadeth demostró por qué se le considera una de las bandas más poderosas en el trash metal mundial. Su sonido frenético aún se sentía al escapar del Salón Vive Cuervo. No faltó el comentario preocupado: a ver si conseguimos boleto para repetir la experiencia en el concierto del jueves. “Run to the hills / Run for your life”