Si el señor Sean Patrick Morrisey hubiera crecido en un ámbito meramente punk, seguramente habría pertenecido a los Dropkick Murphys. El descaro irlandés, los tarros enormes de cerveza, la fiesta desenfrenada gringa y el skateboarding se amalgaman en una sola banda que, finalmente, después de 13 años de existencia, y por primera vez, se presenta en tierras aztecas para pintar la noche de un verde olivo que nos recuerde ese cereal de malvaviscos con un duende en la cubierta y al mismísimo Bono tratando de ser más americano que irlandés.
Es de esta manera como los Dropkick Murphys han logrado crear un punto medio entre su sangre irlandesa y su corazón americano, un punto medio que está lleno de un nacionalismo virtual que representa a una nación europea subyugada por la devastación económica y a una potencia que cada vez parece más minimalista en un globo terraqueo sufriendo los estragos del calentamiento global…
Pero al fin y al cabo, los Dropkick Murphys, a pesar de todo y nada, hacen esto a un lado y se entregan a sus raices, a ese pueblo de Massachussets que los vio crecer, formarse y convertirse en una de las bandas de punk más representativas de la última década para dar a conocer uno de los estilos más característicos que ha logrado pintar de verde los escenarios de todas aquellas ciudades a las que han asistido.
Pasando por el Warped Tour hasta el Rock AM, esta banda se ha encargado de darle a entender a la gente que no todo debe tomarse tan en serio y que hay que darle buena cara a las adversidades, tomar todo con locura y un toque de gracia, porque finalmente el punk se vive así, con descaro y con esa alegría irlandesa que la banda nunca ha dejado disipar.
Los Dropkick Murphys serán los guías en una noche de desenfreno Irlandés lleno de punk, patineta y ese sentido del humor que nos hará reír como duendes en busca de su olla de oro… Este 24 de julio no dejes de asistir al Café Iguana, vístete de verde y recuerda el día de San Patricio… Kiss me, I'm irish!