El principal atractivo de La Barranca es su carácter de ensamble. Más que tratarse de una banda monolítica, ha sabido tener la flexibilidad necesaria para dar sabático a sus integrantes originales, incorporar músicos nuevos, invitar figuras destacadas y fingir disolverse para después renovarse con su alineación primera. Esto es lo que ocurre ahora. Al grupo liderado por José Manuel Aguilera vuelven a unirse Federico Fong y Alfonso André, para grabar el místico Providencia y presentarlo en el Teatro Metropólitan.
La cita es a las nueve, la banda empieza a tocar hacia las diez de la noche. Antes, la apertura estuvo a cargo de Monocordio, una banda pop-folk (algo así como “cuando Fito Páez conoció a Jethro Tull”) que cumplió con eficacia y dejó de lo más contentos a los asistentes.
Después aparecieron Aguilera, Fong y André, para instaurar el alarido colectivo con “Animal en extinción”. Acompañados de Adolfo Romero en piano y guitarra, pronto impusieron su mandato de guitarra dura y letras tan irónicas como introspectivas. El primer estertor importante del público se dio con “El síndrome” y siguió cuando al interpretar “Nueva vida” y “Paraíso elemental”, incorporaron al violín de Jorge Cox Gaitán y el chelo de Mónica del Águila.
Dividido el concierto en tres partes, el segundo instauró una sesión acústica, donde destacaron rolas como “San Ángel”, “La tempestad” y “El alacrán”, ésta dedicada a Ochoa, a quien Aguilera siempre ha reconocido como su maestro.
El mejor momento del concierto ocurrió en la tercera parte, cuando regresó la electricidad al escenario. En “Como una sombra”, Aguilera se rifó con un solo que puso loco al teatro y momentos después sorprendieron con “Haikú”, rola de Providencia, que presentaron presumiéndose como un grupo que siempre está “volviendo a empezar”.
El cierre se dio con “La Barranca”, provocando aplausos copiosos. El encore fue obligado: “Centella”, “Quémate lento”, “La expedición” y el clásico noventero “Día negro”. Antes, Aguilera promovió Construcción, el CD instrumental de la banda, además de la biografía barranquera, escrita por David Cortés, de pronta aparición.
El “Día negro”, coreado y celebrado por la banda, iluminó la noche del Metropólitan. Al filo de las doce, un auditorio complacido con 27 rolas poderosas, saltó de La Barranca a sitios acaso menos prodigiosos: la taquería, el taxi, la cantina… que sea con terraza: un lugar donde se pueda fumar.