A telón cerrado como ya muy pocos lo hacen en sus espectáculos. Telón rojo que generaba expectativa a un público ansioso de ver a su diva. Se abrió y sólo la música de “Mala hierba” servía de fondo, para un video íntimo, que recuperaba los mejores momentos de la presentación de Alejandra Guzmán en el Cumbre del Tajín, y en el que explicaba, que dos décadas dedicada a la música no son nada. “Veinte años y vuelves a empezar”.
La emoción creció cuando apareció en ligero, sombrero de plumas y medias blancas. Sensual. Un escenario de dos pisos y la celebración de esta cantante se iluminó de mil colores; entre nubes de humo fue llevando a su público a un viaje cargado de rock, gritos y rolas que ya forman parte de su repertorio obligado. Nerviosa pero muy feliz, compartió su sentir en los últimos meses: “Ya no estoy llorando, últimamente estoy gozando de la vida”. Sombrero para afuera y siguió con “Reina de corazones”, bajo un ambiente que se tornó a rojos, reflejo de la pasión que en ese momento sentía. “Gracias por darme esa garra para vivir”, gritó al final.
Continúo con su más reciente éxito “Hasta el final”, canción de su disco en promoción Fuerza, y que compuso después de haber librado el cáncer, con dedicatoria a su hija Frida. Sus verdaderos seguidores, que hasta el momento había permanecido de pie, entraron en una conexión muy especial, que duró todo el concierto, y más cuando anunció que había llegado “el tiempo de las viejas”. “Hacer el amor con otro”, “Hay un diablo en mí” y “Toda la mitad”, fueron para rocanrolear.
Un pequeño respiro, y como era su noche, se dio el permiso de interpretar una cuantas canciones en blues. “Loca”, “Lluvia” y “Ángeles caídos” dieron el toque romántico de la noche. Momento en que Alejandra ya era cómplice de sus seguidores. Iba y venía del escenario para cambiar de vestuario. Sin embargo, la sorpresa fue la presencia de Javier Gurruchaga, nada menos que el líder la banda ochentera, La orquesta Mondragón, a quien el público, el más joven, no reconoció hasta que interpretó “La ciudad donde vivo”.
La siguiente sorpresa fue la presencia del “ganador”, un joven, quien fue colocado en “la silla de castigo”, donde Alejandra Guzmán le bailó “Diosa”. Para él, un placer, ante los movimientos de ella y sus coristas. Divertido para todos los asistentes, a quienes aún les esperaba lo mejor: saber de la presencia de Enrique Guzmán, y un espacio “desenchufado” dedicado a tres mujeres especiales en su vida: su mamá, su hija y a “alguien quien no llamó”.
Nuevas canciones se mezclaban, como “Volverte a amar”, la más ovacionada. Ya cerca del final, y a petición de los presentes regresó al escenario con más energía para seguir con, “Eternamente bella”, “Hey güera” y “La plaga”. Sólo una canción faltaba y con ella la Guzmán cerraba un concierto lleno de vitalidad y diversión, ratificando su lugar como la única diva del rock mexicano.