Chetes y LeBaron: Viviendo la música con efecto dominó
Por Rocío Estrada
Estela de música etérea. Sonido de un sintetizador que dio inició al encuentro. ¿El fin? Compartir el escenario del Teatro Metropólitan. Chetes y LeBaron. Dos maneras distintas de sentir el rock. El primero, de mayor experiencia, aprovechó la ocasión para presentar su segundo disco, Efecto dominó; los más jóvenes, una revelación que trabaja por seguir en el camino de la música.
LeBaron, comandados por Eduardo Limón, abrieron el concierto con “Mar”. Si bien ya se han presentando en varios lugares como el Vive Latino, los nervios estuvieron presentes. Los superaron bien para darle a sus seguidores un set de 10 canciones más. Presentación para los que esa noche “vencieron el tráfico y el boicot”, anunció el cantante, quien acompañado de sus amigos Mau, Olmo y la sexy-enigmática Nan dieron rienda a “Pelea”, “Soldado John”, “Lejos” y “Segunda vuelta”.
La euforia de sus seguidores no corresponde a la clásica de brincos y gritos imparables, pero aún así se dejaron escuchar y hacer notar en el Metropólitan. Su reventón fue diferente. Un alto y a la hora de volver al escenario, las fallas técnicas hicieron de las suyas. Una guitarra que no era; “un minuto más”, la petición de Lalo. El tiempo fue concedido, pese a la impaciencia de quienes ya querían a Chetes en el escenario.
Libres del momento incómodo, siguieron con “Sala de espera”, “El vértigo” y “Exilio”. La adrenalina subió cuando tocaron “Inmóvil”, sencillo de su más reciente EP, por el cual están nominados a Artista Promesa de los Premios MTV 2008. “Amo” e “Infinito” fueron los temas con los que terminaron su actuación, dejando satisfechos a sus fanáticos; jóvenes, al parecer, incondicionales de la música con tintes melancólicos.
Después de 15 minutos de reacomodos, por fin apareció Chetes con un fondo cuadriculado acompañado de grandes amigos y músicos como Darío González al piano, Pablo González en el bajo, Edgar Lozano en la guitarra y Yamil Rezc en la batería. Inició con la roquerísima “Fuera de lugar” de su segundo disco. Ataviado con una de sus clásicas casacas con insignias, el regiomontano siguió con “Que me maten”, mientras las fauces de un tiburón se proyectaban en el escenario.
Cada canción fue recibida con cariño, no sólo entre sus fans, también por otros músicos que se dejaron ver entre el público como Patricio “Pato” Lizalde de Control Machete, quien no dejó de cantar cada una de las rolas; lo mismo que Cha!, bajista de Fobia. Cada canción una guitarra diferente (eso sí, la correcta); otras veces al piano, dando lecciones de versatilidad. “Poco a poco”, “Efecto dominó” y “Regresa”, una “canción para enamorados”, como la presentó le siguieron a la lista que se deseaba interminable. Aprovechó un momento acústico para, en complicidad con el público, cantar “Cuántos pasos”, buen recuerdo de su época con Zurdok.
De lo más prendido, a la balada preferida de este regiomontano como “Querer”, el concierto cumplió con casi todas las peticiones. LeBaron fue invitado para corear “Camino a casa”, un himno de adiós a la soledad, con la que todas las voces se levantaron para hacer temblar al Metropólitan. Para el cierre, la emoción se volcó con los primeros acordes de “Completamente”, el final había llegado y con “No tengo más palabras”, Chetes se despidió. Las luces volvieron, aunque la fiesta se antojaba para el resto de la noche.