¡El Rock n' Roll no puede volverse más grande que esto! KISS y MÖTLEY CRÜE… en el mismo escenario… la misma noche. Este espectáculo de espectáculos anuncia su presentación el 29 de septiembre en el Foro Sol de la ciudad de México.


¡El Rock n' Roll no puede volverse más grande que esto! KISS y MÖTLEY CRÜE… en el mismo escenario… la misma noche. Este espectáculo de espectáculos anuncia su presentación el 29 de septiembre en el Foro Sol de la ciudad de México.
Por Diego Álvarez Quiñones
Se cerraron accesos, se inundaron banquetas, se fue la luz, y como si se tratase de un castigo divino a los descarados adeptos del metal norteamericano, la lluvia arremetió antes de siquiera haber empezado el show, retrasándolo una hora, pero a pesar de provocar que el maquillaje en varios se corriera, el ímpetu y animo por la premisa de Kiss y Mötley Crüe en un solo escenario jamás pudo ser difuminada.
Dadas las diez de la noche y tras un corto set de la banda local Agora, que pasó sin pena ni gloria, Mötley Crüe hace acto de aparición entonando el tema que justo evoca sus tierras natales “Saints of Los Angeles”, que una vez terminado dio paso a las clásicas y aun vigentes odas a los excesos provenientes principalmente de sus álbumes “Girls Girls Girls” y “Dr. Feelgood”. Desgarradores gritos de señoritas dejaron claro que Nikki Sixx y Tommy Lee aún son objetos del deseo, a comparación de Vince Neil cuyos años mozos están mas que idos, y Mick Mars que aun no se sabe en que momento murió y regresó como zombie. Contrastando con su última presentación en nuestra ciudad, el Crüe ahora si trajo toda la parafernalia que los hace tan famosos en vivo: desde bailarinas encadenadas con laceres, hasta baterías en llamas que giran cual montaña rusa (con todo e invitada del público en el asiento copiloto). Shout at the Devil, Primal Scream, Home Sweet Home, y la infalible Kickstart My Heart estuvieron como siempre presentes, no sólo sirviendo para despertar a los húmedos presentes, sino dando por terminada la gira de estos caballeros, quienes eran el plato fuerte para algunos.
Con el Foro Sol a reventar, las luces se apagan proyectando a la banda saliendo de su camerino justo a tiempo para entonar la característica introducción de Kiss en vivo “¿Ustedes querían a los mejores? ¡Ustedes tienen a los mejores! ¡La banda mas candente del mundo: Kiss!” Una enorme pantalla de humo dio paso a los iconos, a las leyendas, a los Dioses y a las marcas registradas del hard rock y el metal: Kiss. Inaugurando el show con ya todo un clásico “Detroit Rock City“ apenas seria una probada de una increíble y magnificente noche de uno de los mejores shows que hay sobre la tierra, por parte de quienes en su momento redefinieron el concepto y sentaron las bases de lo que es todo un espectáculo dentro de un concierto. Un grupo con una larga relación con nuestra capital, se reencontraría con unos de sus seguidores más fervientes de su armada
Ciertamente es de hacer alabanza a las plataformas, los arneses y una pirotecnia digna del fin del mundo, pero lo importante es la música, es el rock: Black Diamond, Firehouse, War Machine, Love Gun y Shout it out Loud son la razón por que se han convertido en leyendas, no por delantales y condones con la cara de sus integrantes. Gene Simmons es aun capaz de aterrorizar durante su solo previo “God of Thunder”, donde escupiendo sangre y elevándose al sistema de iluminación, provoca ovaciones dignas de un rey. Solos por parte de los miembros incómodos, Eric Singer y Thomy Thayer, mas la seductora manera de Paul Stanley de escupir plumillas a la cámara es parte de un meticuloso y ensayado acto que por algo está considerado dentro de “los shows que uno tiene que ver antes de morir”, pero que no serian lo mismo sin tener esos grandes himnos del rock detrás. Con un encore pensando netamente en el público mexicano, incluyendo el tema que no se estaba tocando en la gira, “I Was Made For Lovin You”, Kiss se despide de nuestra capital con enormes explosiones y como pista de fondo “God Gave Rock ‘n’ Roll To You II”, dejando a todos mas que fascinados. Larga vida a Kiss, amos y señores del rock de estadio.



































































