Cavalia es un tributo a la milenaria relación entre humanos y caballos. Poético, romántico y magnífico son adjetivos de esta singular puesta en escena que iniciará a partir del 9 de mayo en la Gran Carpa Blanca en Santa Fe.


Cavalia es un tributo a la milenaria relación entre humanos y caballos. Poético, romántico y magnífico son adjetivos de esta singular puesta en escena que iniciará a partir del 9 de mayo en la Gran Carpa Blanca en Santa Fe.
Por José Hipólito
Cuando el hombre ve cubiertas sus necesidades básicas se permite hacer arte. Cavalia no es sólo el resultado de meses o años de entrenamiento, creación y compenetración de adiestradores y caballos, es el destino de una historia de miles de años de compañía mutua, entre hombres y equinos.
La Gran Carpa Blanca Santa Fe fue el escenario que permitió a los asistentes vivir una noche de entretenimiento mágico. La puesta en escena que se presentó en México tiene como hilo conductor la histórica relación de la humanidad con los caballos.
Mientras un chelo inunda el ambiente, un video del nacimiento de un potrillo se proyecta en el escenario. Es el comienzo de una vida, el comienzo de una idea, de una relación milenaria.
Las luces se atenúan y del lado izquierdo del escenario salen caballos a toda velocidad que cruzan el escenario, una muestra de agilidad, poder y belleza que de inmediato transporta al espectador a un lugar fuera del tiempo. El juego de luces, el cambio de escenografía se da de un momento a otro y una voz comienza a transportar la mente a los lugares más remotos del pasado del hombre.
Con escenarios que recuerdan las culturas madre de Occidente, los primeros acróbatas salen al escenario y entregan un primer número en el que caballos y jinetes comienzan a conocerse, como si fuera el primer encuentro entre esas dos especies que están predestinadas a compartir su futuro.
Entre actos de acrobacia, de audacia y de circo, los hombres y mujeres que conforman Cavalia dejan ver que no se trata únicamente de un tiempo exhaustivo de preparación física, mental y emocional el que permite concertar un espectáculo como éste. Es necesaria una historia de siglos, una comprensión de generaciones sobre la relación entre ellos y los animales que les acompañan.
Sobra decir que los caballos de Cavalia son de una hermosura hipnótica, puras sangre, españoles, rusos y árabes, la cada uno con sus características de raza, aportan al espectáculo las virtudes de su línea genética. Así, las especies más pequeñas demuestran su agilidad y velocidad, los pura sangre su garbo y poderosa presencia.
Pasando de las culturas orientales, medio orientales y mediterráneas, llegamos a aquellas de los bosques europeos. Así, la arena y el sol dan paso a las sombras de los pinares; la ropa ligera cambia por largos ropajes y nos encontramos en un ambiente silvano que recuerda las leyendas artúricas, con mujeres de largos cabellos y túnicas largas. Los caballos de porte orgulloso demuestran el control y la obediencia. A lo lejos, el mar anuncia nuevas tierras que han de descubrirse.
Una cortina de agua se convierte en pantalla donde los caballos se proyectan en toda su majestuosidad. Va llegando el tiempo de llegar a nuevos horizontes, de extender la relación de estas dos especies hacia costas nuevas y lejanas.
Cavalia es un espectáculo perfectamente equilibrado en el que ya los caballos, ya los acróbatas, demuestran sus capacidades física e histriónicas. Porque también los caballos demuestran sus dotes actorales al desobedecer una orden o tirarse al piso para ser consentidos.
El último tramo de este viaje a través del tiempo y la imaginación es el viejo Oeste. A lo largo del espectáculo ha quedado claro que los caballos se han convertido en parte esencial de la cultura humana. Tanto en la guerra como en la paz, en la tregua como en el trabajo, los haberes de pueblos, reinos e imperios habrían sido distintos sin este compañero que se ha ganado su lugar en nuestra historia.
Con una demostración de acrobacias y velocidad en la que caballos veloces montados por vaqueros hacen alarde de pericia y humor, cierra una noche mágica que saca a flote la imagen que nuestro inconsciente, que nuestros genes guardan en lo profundo, una imagen que se yergue sobre los cuartos traseros y relincha a la noche, desafiando los poderes del mundo al lado de su jinete.
